lunes, 13 de enero de 2014

La cena, de Herman Koch

La cena llegaba a España gracias a la editorial Salamandra, avalada por su éxito en su país natal, Holanda, donde se convirtió en un pequeño best-seller. Puesto a hacer una reseña / crítica de la novela, intentaré no desvelar demasiado de la trama, puesto que esta es una de esas novelas en las que el descubrimiento progresivo de la historia que hay detrás constituye uno de sus puntos fuertes.
La cena nos cuenta, en un primer tiempo, y como el título sugiere, un encuentro en un restaurante céntrico de Ámsterdam entre dos parejas: el narrador y su esposa han quedado para cenar con el hermano de él, un político famoso, probable futuro primer ministro de su país, y su mujer. El motivo de la cena -como iremos descubriendo poco a poco- es discutir cómo manejar el descubrimiento que los cuatro comensales han hecho: que sus hijos están implicados en un caso de violencia -cuya naturaleza no desvelaré para no fastidiar la lectura a quienes decidan acercarse a esta novela-, caso que ha despertado la indignación popular en el país. Como decía, la dosificación de la información, del verdadero motivo del encuentro que subyace a la charla de circunstancias a la que asistimos, es uno de los aciertos del libro. Mediante frecuentes analepsis, convenientemente distanciadas entre sí para mantenernos expectantes por conocer cada vez un poco más de lo sucedido, vamos sabiendo, de la mano del narrador, padre de uno de los menores implicados en el hecho violento, la naturaleza de este y las circunstancias que le han llevado a la certeza de que su hijo es uno de los autores del mismo.

El otro acierto de la novela, seguramente el mayor y por el que me parece una obra digna de ser leída, es el manejo que el autor hace de la figura del narrador. El autor juega con la convención narrativa que nos hace, como lectores, confiar en que el narrador es una fuente de información confiable y que su juicio, su ideología, su visión, sobre los hechos, las personas, etc. son los que el texto nos propone -para aceptarlos o rechazarlos. Según esta convención, en primera instancia simpatizamos con el narrador, y como él llegamos a convencernos de que su hermano, el célebre político, es un ser fatuo, egocéntrico y calculador, y que la dignidad y la integridad quedan del lado del narrador y de su esposa. Pero a medida que avanza la novela, y particularmente en su último tercio, vamos dándonos cuenta de que quizá las cosas no son tan sencillas, y como lectores nos vemos enfrentados a la situación incómoda de seguramente empezar a coincidir más con las opiniones y posturas sobre lo sucedido manifestados por este personaje -hasta el momento dibujado como odioso- que con los del propio narrador. Y no solo por esto, sino porque a medida que leemos vamos a ir descubriendo, por boca del propio narrador, episodios de su pasado que nos harán plantearnos hasta qué punto el personaje es digno de nuestra confianza y nuestro respeto.  En este sentido, La cena se sitúa en la estela de otros textos que utilizan de manera ejemplar el recurso a un narrador del que aprendemos poco a poco a desconfiar: pienso en novelas como las imprescindibles Pálido fuego de Nabokov o 1280 almas de Jim Thompson.

Desde otro punto de vista, y dejando de lado los asuntos de técnica narrativa, otro atractivo de la novela, responsable en gran medida, intuyo, de su éxito de ventas, es el hecho de abordar el tema de la violencia ejercida por adolescentes, menores de edad a los que cada vez más, en nuestras sociedades europeas, nos estamos acostumbrando a ver cómo protagonistas de hechos violentos -agresiones a profesores, acoso a compañeros de instituto, violencia callejera gratuita, etc. El debate se establece entre la necesidad de poner freno a estos comportamientos y el instinto de protección de unos padres que -es el caso de la pareja formada por el narrador y su esposa- parecen dispuestos a todo para salvaguardar el bienestar y el futuro de su hijo, por encima de cualquier otra consideración. Quizá el reparo que le pondría a la novela, su punto flaco, es el intento de ofrecer una explicación de tipo genético al brote de violencia protagonizado por el menor, lo cual da lugar a una serie de reflexiones y episodios que me resultan algo fuera de lugar.

En definitiva, La cena es una novela disfrutable desde el punto de vista de su prosa, con innegables aciertos autoriales en cuanto a su construcción y con una temática que conecta con algunas de las preocupaciones sociales más candentes de la actualidad. Recomendable.

4 comentarios:

  1. He leído buenas críticas de esta novela. Espero que sea mejor que Tenemos que hablar de Kevin, que trata el mismo tema y es un peñazo mayúsculo.
    Me arriesgaré

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Como digo en la crítica, a mí personalmente me ha parecido una buena novela, te la recomiendo. La de Tenemos que hablar de Kevin hace tiempo que la quiero leer, pero lo que comentas del peñazo me asusta. Un saludo.

      Eliminar
  2. He dibujado la portada de esa novela para una edición inglesa. Es curioso pues el autor pide que aparezca una langosta aunque no aparece ninguna (ni siquiera los comensales piden langosta) Está basada en un caso ocurrido en Barcelona en que unos jóvenes y buenos estudiantes quemaron a una indigente que dormía en un cajero.
    Recomiendo "La cena", me ha gustado mucho.
    Saludos. Borgo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sobre lo de la langosta, a mí me llamaba la atención que saliese en todas las portadas en distintos idiomas siendo que, como bien dices, no aparece en la novela. Lo que no sabía es que fuese una exigencia del autor, eso lo hace más llamativo. Supongo que se tratará de transmitir la idea de una cena de "alto postín", de gente de un medio social pudiente, como efectivamente es en la novela, aunque no coman ninguna langosta, no sé. Gracias por la visita y un saludo.

      Eliminar